Había una vez, una pequeña y bella princesa llamada Kassia que vivía en un enorme casillo cerca de un bosque Todos los días, Kassia salía a caminar al bosque para distraerse. Pero no era lo único que hacia cuando iba al bosque, ella también iba para poder molestar a los animales que habitaban ahí.
Todas las mañanas, la Princesa Kassia pasaba por el hermoso lago del bosque, donde se sentaba a la orilla por un rato. Ella esperaba en el pasto verde la llegada del pato. Cuando Kassia veía al pato acercándose, ella agarraba una piedra del suelo y la aventaba con todas sus fuerzas hacia al pato. La Princesa Kassia se reía y reía del pobre pato asustado y lo veía escapar mientras ella le lanzaba más piedras.
Luego de arrogarle piedras al pato del lago, ella seguía su camino. Caminaba hasta llegar a un gran árbol de manzanas rojas, ahí se trepaba y se sentaba en una rama. La Princesa Kassia esperaba al venado que siempre pasaba por ahí. Cuando el venado se aproximaba, la Princesa Kassia arrancaba las manzanas del árbol y se las arrojaba al pequeño venado. Ella se reía y reía del venado mientras lo vía correr con miedo.
La Princesa Kassia se bajaba del gran árbol y continuaba caminando por el bosque. Al llegar cerca de la madriguera del conejo, la Princesa Kassia ponía una deliciosa zanahoria a la entrada. Se escondía tras de un tronco y esperaba a que el conejo saliera por la zanahoria. Cuando el conejo salía, la Princesa Kassia saltaba de atrás del tronco y corría hacia el conejo. Ella lo correteaba por todo el lugar, riéndose del conejo. Cuando lo atrapaba, ella le jalaba las grandes orejas blancas y no lo soltaba. Después de maltratar al conejo lo dejaba ir y se iba al catillo.
Un día los animales del bosque se reunieron con la hada. El Hada Isis era la reina del bosque y la que cuidaba a los animales. El pato, el venado y el conejo le contaron lo que la Princesa Kassia hacia todos los días. El Hada Isis les prometió darle una lección a la princesa. Esa misma noche, el hada fue al cuarto de la Princesa Kassia, y la convirtió en una ardilla.
A la mañana siguiente la Princesa Kassia salió corriendo de su cuarto a pedir ayuda, pero nadie le hizo caso y solamente la sacaron a patadas hacia el bosque. Ahí se encontró a unos niños, y ella se acercó. Los niños la agarraron y empezaron a jalarle la cola y los cachetes. Después la dejaron y le aventaron piedras. Ella corrió a esconderse al bosque y llorar. La Princesa Kassia estaba triste porque la habían maltratado. La princesa cerró los ojos y se acordó de lo que ella hacía con los animales del bosque y en voz alta dijo que jamás los maltrataría otra vez. De repente, abrió los ojos y ya era humana otra vez, el hechizo se rompió.
Desde entonces la Princesa Kassia, iba al bosque pero a darles de comer a los animales y a cuidarlos. Nunca más fue grosera con los animales y todos vivieron felices para siempre.